Faltan diez días, voy a Brisbane, al Mundial, y aunque suene a que la carrera es allá, la parte más difícil la vengo corriendo hace meses, en las mañanas que nadie ve, en las partidas que repetí, hasta que dejaron de fallar.
Vengo de Bogotá con un subcampeonato panamericano, fui con la misión de revalidar el título y no se dio, y aprendí a decir eso sin bajar la cabeza, orgulloso de lo andado y del nivel, feliz de haber estado una vez más en el podio con pilotos que corren muy fuerte — pero el Mundial es otra cosa, y no subo a Brisbane a repetir un resultado ni a hacer un papel digno, subo por el número 1. Ese objetivo no lo puse esta semana para sonar ambicioso, lo tengo claro hace años, y todo lo demás lo fui ordenando alrededor de él.
Y esta vez no dejé nada para improvisar allá: la bici lista y revisada, la indumentaria, la alimentación que hay que llevar en la maleta, un equipo de kinesiología portátil para tratarme donde esté, e incluso una programación para adelantarme al jet lag en los días previos, ir corriendo el reloj antes del viaje en vez de llegar a que el cuerpo se acomode solo. Nada es al azar.
Y hay algo que casi no digo en voz alta porque suena demasiado grande: me imagino cruzando esa meta primero, con el número 1, y lo dejo escrito acá aunque todavía no pase, porque el objetivo se declara antes y no después de saber si se cumplió. No cruzo medio mundo para participar, viajo con esa imagen metida en la cabeza —la última recta, la bandera— cargándola en silencio desde hace años, y en diez días, por fin, la voy a correr.
Lo que me llevo a Brisbane no es una arenga, es una idea vieja y probada: las décimas se ganan en el día a día, en la rutina de siempre sin improvisaciones, y el compromiso no se mide en el podio sino el día que no había ganas y igual salí a entrenar. Si algo va a decidir mi manga, ya pasó, en meses de 1% repetido que nadie aplaudió.
Por eso subo con el 234 en la placa, que no es un adorno, es el ancla, lo que me recuerda que es la misma persona la que aprieta el manubrio en Brisbane y la que soñó hace 25 años estar ahí.
¿Cuál es la carrera que ya estás corriendo sin que se note, esa que se decide en los diez días de antes y no el día que todos miran?